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LA
FLAMUR EN LA FORMACION DE MEDIADORES PARA UNA COEXISTENCIA SISTEMICA. Señores representantes de la Secretaria de la V
Cumbre de Las Américas y la Secretaria General de OEA, organizaciones de la
sociedad civil, de los estados
miembros de la OEA y del Grupo de Trabajo Conjunto de las Cumbres de Las Américas.
La situación de la mujer en Latinoamérica debe ser
un tema constante de análisis y proyección, pero la mujer rural necesita
un apoyo mayor y sistemáticamente consecuente. La Federación
Latinoamericana de Mujeres Rurales – FLAMUR, entiende que los derechos de
las mujeres no solo constituyen un motivo para luchar por ellos, sino una
obligación de ejercitarlos libremente. La mujer no solo necesita iguales derechos, sino
iguales oportunidades y con ellas tenemos que demostrar nuestra capacidad y
creatividad como mujer. Los derechos
de la mujer no solo son aquellos vinculados a su condición de fémina, sino
los derechos de sus hijos y la familia, incluyendo la comunidad, para que la
mujer pueda vivir en verdadera comunión con su espíritu y satisfacción,
como ser humano y como mujer.
La mujer tiene que estar preparada para asumir el reto en igualdad de
condiciones, y por ello necesita de una capacitación integral, desde la
imagen y proyección social hasta conocimientos
elementales de sus derechos legales y económicos. El liderazgo de la mujer ante la sociedad depende de su formación
cultural y moral, su posición
económica a través de su propio desarrollo individual, con su superación
constante, tanto técnica como profesional, pero además buscando nuevas vías
de desarrollo como el cooperativismo y la gestión empresarial. Involucrar a la mujer en los problemas y soluciones de su propia
comunidad, con la orientación precisa en temas tan sensibles como la salud,
la higiene personal y ambiental y la propia educación familiar de sus hijos
es también una prioridad. La mujer no puede ser solo una víctima o simple espectadora de males
tan arraigados como la violencia doméstica, las drogas, el alcoholismo y la
prostitución, en ocasiones como forma de supervivencia económica. El abuso
infantil, muchas veces encubierto por la propia situación económica de sus
padres y familiares, que son sometidos a realizar trabajos no apropiados
para su edad y muchas veces hasta denigrantes, que afectan su auto estima y
su personalidad. FLAMUR aspira a crear un entorno que haga de la vida rural una motivación
constante y que la mujer campesina no tenga que sentirse como clase inferior
en su condición de mujer con respecto a la mujer urbana. Por
las razones antes expuestas nuestra ONG trabaja
directamente con las mujeres rurales, que muchas veces junto a sus hijos son
las principales víctimas de la violencia. Ahora bien, un conjunto de
circunstancias sociales e históricas, han facilitado la reproducción cada
vez más patológica del fenómeno de la violencia y, aunque la violencia
social (masacres, secuestros, etc.) afectan emocionalmente a cualquier
ciudadano, consideramos que el embrión de la violencia ocurre dentro de la
familia, como célula fundamental de la sociedad, que se involucra en actos
delictivos o de prostitución. Aunque la violencia sociopolítica ocupa un lugar preponderante en los
actos de barbarie que se vive en algunos de nuestro países, la violencia
intra familiar y social está presente en todos, lo que no deja de ser
preocupante ya que siendo la familia uno de los agentes socializantes de los
infantes, se puede demostrar que ha sido la transmisora generacional de éstas
formas violentas de relación. Nuestra propuesta es La formación
de mediadores para una coexistencia sistémica, capacitando a personal sistemáticamente
sobre cómo desarrollar una cultura de paz, que se apoyan en la terapia
ocupacional, a través de actividades sociales y productivas como son el
enrolamiento en cooperativas
empresariales, donde las mujeres rurales alcanzan cierta prosperidad económica,
y el capital de las operaciones de la cooperativa les permite invertir en
proyectos sociales. Plantear el trabajo a partir de un grupo focal de
mediadores, se justifica en la medida en que estos conocen la realidad de
cada una de las personas con que interactúan de una manera planificada. Por lo general, estas personas han desarrollado sentimientos de afecto
y protección hacia sus usuarios, encontrándose en condiciones de detectar
los factores de riesgo, que pueden llevar a sufrir, cometer y perpetuar la
violencia intrafamiliar, para así, con los procesos formativos, convertir
los factores de riesgo en fuentes de protección, fomentando la cultura del
diálogo en la familia y la comunidad.
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