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           Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales

     

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LA FLAMUR EN LA FORMACION DE MEDIADORES PARA UNA COEXISTENCIA SISTEMICA.
      

Señores representantes de la Secretaria de la V Cumbre de Las Américas y la Secretaria General de OEA, organizaciones de la sociedad civil,  de los estados miembros de la OEA y del Grupo de Trabajo Conjunto de las Cumbres de Las Américas.   

                             

La situación de la mujer en Latinoamérica debe ser un tema constante de análisis y proyección, pero la mujer rural necesita un apoyo mayor y sistemáticamente consecuente. La Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales – FLAMUR, entiende que los derechos de las mujeres no solo constituyen un motivo para luchar por ellos, sino una obligación de ejercitarlos libremente.

 

La mujer no solo necesita iguales derechos, sino iguales oportunidades y con ellas tenemos que demostrar nuestra capacidad y creatividad como mujer. Los derechos de la mujer no solo son aquellos vinculados a su condición de fémina, sino los derechos de sus hijos y la familia, incluyendo la comunidad, para que la mujer pueda vivir en verdadera comunión con su espíritu y satisfacción, como ser humano y como mujer.


Ser protagonista del desarrollo, promoción y consolidación en los valores de identidad, de capacidades y oportunidades para la mujer del campo, desde el conocimiento de su situación real y con una mirada estratégica capaz de liderar cambios, incidir y generar propuestas es la premisa de la Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales.


El papel fundamental de la FLAMUR es motivar, promover, apoyar, fortalecer, capacitar y asesorar a las mujeres para el logro de la equidad de género en la participación y toma de decisiones en todos los niveles de la organización, así como en sus actividades sociales, laborales, cooperativas y empresariales. Poner al alcance de las mujeres los instrumentos necesarios (capacitación, asesoramiento, y demás) para promover su participación tanto a nivel de base como en puestos de liderazgo. Alentar el fomento de organizaciones y fundaciones con fines acorde a los principios y necesidades de la mujer, brindar apoyo, a través del voto, para que las mujeres alcancen ingresar en los órganos de dirección, tanto públicos como privados.

 

La mujer tiene que estar preparada para asumir el reto en igualdad de condiciones, y por ello necesita de una capacitación integral, desde la imagen y proyección social hasta  conocimientos elementales de sus derechos legales y económicos.

 

El liderazgo de la mujer ante la sociedad depende de su formación cultural y moral,  su posición económica a través de su propio desarrollo individual, con su superación constante, tanto técnica como profesional, pero además buscando nuevas vías de desarrollo como el cooperativismo y la gestión empresarial.

 

Involucrar a la mujer en los problemas y soluciones de su propia comunidad, con la orientación precisa en temas tan sensibles como la salud, la higiene personal y ambiental y la propia educación familiar de sus hijos es también una prioridad.

 

La mujer no puede ser solo una víctima o simple espectadora de males tan arraigados como la violencia doméstica, las drogas, el alcoholismo y la prostitución, en ocasiones como forma de supervivencia económica. El abuso infantil, muchas veces encubierto por la propia situación económica de sus padres y familiares, que son sometidos a realizar trabajos no apropiados para su edad y muchas veces hasta denigrantes, que afectan su auto estima y su personalidad.

 

FLAMUR aspira a crear un entorno que haga de la vida rural una motivación constante y que la mujer campesina no tenga que sentirse como clase inferior en su condición de mujer con respecto a la mujer urbana.

Por las razones antes expuestas nuestra ONG trabaja directamente con las mujeres rurales, que muchas veces junto a sus hijos son las principales víctimas de la violencia. Ahora bien, un conjunto de circunstancias sociales e históricas, han facilitado la reproducción cada vez más patológica del fenómeno de la violencia y, aunque la violencia social (masacres, secuestros, etc.) afectan emocionalmente a cualquier ciudadano, consideramos que el embrión de la violencia ocurre dentro de la familia, como célula fundamental de la sociedad, que se involucra en actos delictivos o de prostitución.

Aunque la violencia sociopolítica ocupa un lugar preponderante en los actos de barbarie que se vive en algunos de nuestro países, la violencia intra familiar y social está presente en todos, lo que no deja de ser preocupante ya que siendo la familia uno de los agentes socializantes de los infantes, se puede demostrar que ha sido la transmisora generacional de éstas formas violentas de relación.

Nuestra propuesta es La formación de mediadores para una coexistencia sistémica, capacitando a personal sistemáticamente sobre cómo desarrollar una cultura de paz, que se apoyan en la terapia ocupacional, a través de actividades sociales y productivas como son el enrolamiento en  cooperativas empresariales, donde las mujeres rurales alcanzan cierta prosperidad económica, y el capital de las operaciones de la cooperativa les permite invertir en proyectos sociales. Plantear el trabajo a partir de un grupo focal de mediadores, se justifica en la medida en que estos conocen la realidad de cada una de las personas con que interactúan de una manera planificada.

Por lo general, estas personas han desarrollado sentimientos de afecto y protección hacia sus usuarios, encontrándose en condiciones de detectar los factores de riesgo, que pueden llevar a sufrir, cometer y perpetuar la violencia intrafamiliar, para así, con los procesos formativos, convertir los factores de riesgo en fuentes de protección, fomentando la cultura del diálogo en la familia y la comunidad.